El poder en Foucault

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Aspectos importantes de la concepción de poder en Foucault.

Foucault tratará principalmente el tema del poder, rompiendo con las concepciones clásicas de este término. Para él, el poder no puede ser localizado en una institución o en el Estado; por lo tanto, la “toma de poder” planteada por el marxismo no sería posible. El poder no es considerado como un objeto que el individuo cede al soberano (concepción contractual jurídico-política), sino que es una relación de fuerzas, una situación estratégica en una sociedad y  en un momento determinado. Por lo tanto, el poder, al ser resultado de relaciones de poder, está en todas partes. El sujeto está atravesado por relaciones de poder, no puede ser considerado independientemente de ellas. El poder, para Foucault, no sólo reprime, sino que también produce: produce efectos de verdad, produce saber, en el sentido de conocimiento.

Michel Foucault destaca el levantamiento de un biopoder que impregna el pretérito derecho de vida y muerte que el soberano  se arrogaba y que intenta convertir la vida en objeto utilizable por parte del poder. En este sentido, la vida sistematizada, esto es,  convertida en sistema de análisis por y para el poder, debe ser protegida, transformada y esparcida.

Uno de los resultados principales que se puede desprender de esta indagación acerca de la concepción de poder en Foucault, es un cierto distanciamiento,  respecto de la larga tradición aristotélica de la política.

Se puede concluir de esta pesquisa que la larga tradición aristotélica, desde el texto de La Política,  pasando por la Filosofía del Derecho kantiana, a la Teoría de la Justicia de Rawls, más toda una serie de prácticas políticas positivas entran en crisis.  Esto debido a que la concepción del poder en Foucault, tiene ciertas características que toman distancia de muchas de las teorías y prácticas tradicionales de la teoría y poder políticos.

Foucault distingue dos técnicas de biopoder que surgen en los siglos XVII y XVIII; la primera de ella es la técnica disciplinaria o anatomía política,  que se caracteriza por ser una tecnología individualizante del poder, basada en el escrutar en los individuos, sus comportamientos y su cuerpo con el fin de anatomizarlos, es decir, producir cuerpos dóciles y fragmentados. Está basada en la disciplina como instrumento de control del cuerpo social,  penetrando en él hasta llegar hasta sus átomos: los individuos particulares. Vigilancia, control, intensificación del rendimiento, multiplicación de capacidades, emplazamiento, utilidad, etc.

Todas estas categorías aplicadas al individuo concreto constituyen una disciplina anatomopolítica. El segundo grupo de técnicas de poder es la biopolítica, que tiene como objeto a poblaciones humanas, grupos de seres vivos regidos por procesos y leyes biológicas. Esta entidad biológica posee tasas conmensurables de natalidad, mortalidad, morbilidad, movilidad en los territorios, etc., que pueden usarse para controlarla en la dirección que se desee.

De este modo, según la perspectiva foucaultiana, el poder se torna materialista y menos jurídico, ya que ahora debe tratar respectivamente, a través de las técnicas señaladas, con el cuerpo y la vida, con el individuo y la especie. Para el autor, el desarrollo del biopoder y sus técnicas constituyen una verdadera revolución en la historia de la especie humana, ya que la vida está completamente invadida y gestionada por el poder.

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Los efectos del biopoder hicieron que las sociedades se volvieran normalizadoras, usando como pretexto la ley, y las resistencias a dicho poder entraron al campo de batalla que éste delimitó previamente, ya que se centraron justamente en el derecho a la vida, al cuerpo, desplazando a otros objetos de luchas.

La cuestión del poder representa lo que podríamos llamar la etapa media y tardía de Foucault, la cual comienza a hacerse patente alrededor de la década de los sesenta y se extiende hasta su muerte. Es decir, nos referimos al periodo histórico y político que va desde la posguerra mundial, hasta finales de la guerra fría.

Explicaciones acerca del poder entendido como relación, dominio, enfrentamiento, etc., no se ha hablado suficientemente, y es Foucault, precisamente, uno de los pensadores que más ha tratado el tema.

Si se quiere buscar los antecedentes histórico-filosóficos de esta temática, esta se encuentra sin duda, al igual que como lo hizo Foucault, en Nietzsche. Desde luego que en Nietzsche, fueron tratadas parcialmente, sin un rigor específico, pero con una lucidez envidiable. Desde Nietzsche, se puede d ecir que casi todas las actividades del hombre obedecen a la voluntad de poder. En otras palabras,  fuera de lo meramente metafísico, Foucault dirá que se debe analizar los mecanismos, estrategias y formas fácticas en que se desarrolla, opera y funciona el poder. La siguiente cita de Foucault se  refiere a la posibilidad de elaborar  una  teoría general del poder:

 “Ahora bien, descubrí que, en tanto la historia y la teoría económicas constituían un buen instrumento para el estudio de las relaciones de producción, y la lingüística y la semiótica ofrecían elementos para el estudio de las relaciones de significación, para el estudio de las relaciones de poder no poseíamos en cambio ninguna herramienta. Teníamos que recurrir exclusivamente a sistemas de pensamiento sobre el poder basados en modelos legales, o sea: ¿qué legitima el poder? O bien a sistemas de pensamiento sobre el poder basados en los modelos institucionales, o sea: ¿qué es el Estado?”( M. Foucault, Discurso, poder, subjetividad, comp. Oscar Terán, Edit. El Cielo por Asalto, Buenos Aires. 1995, pág. 166)

El problema del que se ocupó Foucault es, sin duda, el de la relación entre el sujeto y la verdad. Para ello su objeto de análisis son las instituciones del poder, antes que los problemas de carácter primeramente ideológico. De este modo Foucault es conducido a plantear el problema del saber/ poder, que no es sino un instrumento que permite el análisis del problema de las relaciones entre el sujeto y los juegos de verdad.

Ahora bien el examen de este problema –el de la relación saber/poder–, requiere –en opinión de Foucault– ocuparse de los binomios discurso-acontecimiento y poder-producción, andamiaje explicativo que remite a la deuda de Foucault con Nietzsche. Esta fuerte presencia del filosofar –genealógico– nietzscheano en la constitución del pensamiento de Foucault, puede ser rastreado en numerosas declaraciones del autor de La Arqueología del saber, quien sostiene que:michel-foucault-e1

“La verdad es de este mundo; se produce en él gracias a múltiples coacciones. Y detenta en él efectos regulados de poder. Cada sociedad tiene su régimen de verdad, su ‘política general’ de la verdad: es decir, los tipos de discurso que acoge y hace funcionar como verdaderos o falsos, el modo como se sancionan unos y otros; las técnicas y los procedimientos que están valorizados para la obtención de la verdad; el estatuto de quienes están a cargo de decir lo que funciona como verdadero”.

Expresar la historia de la humanidad en las ciencias humanas como crítica a la razón, se hace ahora desde la categoría del poder. Mediante ese método Foucault pretende neutralizar las llamadas ciencias humanas y proponer que se ponga en su lugar su propia arqueología o genealogía del saber.

Tomemos un ejemplo característico de Foucault: cuando este se refiere a la relación poder y juegos de verdad en relación a la medicalización de la locura, su problema es –fundamentalmente– saber qué posición pueden tomar los juegos de verdad.

Podemos mostrar, por ejemplo, que la medicalización de la locura, esto es, la organización del saber médico en torno a ciertos individuos rotulados como “locos” ha estado vinculada, en determinado momento, a una serie de procesos sociales económicos, y además a instituciones y prácticas de poder.

Foucault registra aquí, las transformaciones socioculturales y económicas del examen médico, las estructuras lingüísticas y las técnicas patológicas. Su interés no se
limita, como se ve, al campo de la medicina y de la historia de la medicina, sino a la medicina como lenguaje, como óptica científica y como relación interhumana donde precisamente se escenifica la correlación saber–poder. Encerrando, clasificando y analizando al “enfermo mental” como a un objeto de estudio (saber-control), la racionalidad moderna se muestra como lo que es, voluntad de dominio. Ahora bien, esta descripción de la organización y desarrollo del saber médico de ninguna manera perjudica la validez científica de la eficiencia terapéutica de la psiquiatría. No la garantiza, pero tampoco la contrarresta.

Marc4Por ejemplo, en esto insiste Foucault, si relacionamos la matemática –de manera muy distinta que la psiquiatría– con las estructuras de poder; sería igualmente cierto, aún si lo fuera sólo en cuanto a la manera en que se enseña, en cuanto al modo en que el consenso de los matemáticos se organiza, funciona en un circuito cerrado, tiene sus valores, determina qué es bueno (verdadero) y qué es malo (falso) en matemática, y así sucesivamente. Esto de ninguna manera significa que la matemática sea solamente un juego de poder, sino también que el juego de verdad de la matemática está relacionado, en cierto sentido y sin alterar su validez, con juegos y con instituciones de poder.

Está claro que en un cierto número de casos los lazos son tales que se puede escribir la historia de la matemática sin tenerlos en cuenta, aunque esta problemática siempre es interesante, y últimamente los historiadores de la matemática están estudiando la historia de sus instituciones. Finalmente, se evidencia que la relación que puede existir entre las relaciones de poder y los juegos de verdad en matemática es totalmente diferente de la que puede hallarse en psiquiatría. De todas maneras, no puede decirse que los juegos de verdad no son más que juegos de poder.

Fuente: Revista Observaciones Filosóficas – Nº 14 / 2012

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